
Texto: Germán Jiménez Martel
La fotografía es en la actualidad uno de los elementos artísticos que sirve para recobrar, desde la segunda mitad del siglo XIX, parte de la Historia Contemporánea. Este arte y técnica de fijar y reproducir por medio de reacciones químicas en superficies ya preparadas, las imágenes recogidas en el fondo de una cámara oscura, despertó inicialmente la curiosidad, pero luego el interés y por último la afición. De esta manera fueron apareciendo en muchas localidades los primeros profesionales que, con el transcurrir de los años, crearon importantes colecciones y archivos de gran valor históricodocumental. Así ocurrió en Telde con los Hermanos Suárez Robaina.
Ellos fueron buenos fotógrafos que, además de retratar en su estudio a numerosos vecinos, supieron salir a la calle para captar procesiones, grupos escolares, escenas festivas, instantáneas de la vida cotidiana, actos institucionales o visitas de personajes ilustres. En muchas de ellas se aprecian detalles que hoy resultan interesantes para poder conocer como se vestían o se divertían nuestros padres y abuelos. Incluso algunas expresan algo más íntimo y esencial como son las formas de vida de los españoles de la inmediata o reciente historia.
El objetivo de este artículo consiste en rescatar la interesante labor desarrollada por Miguel, Juan y Santiago Suárez Robaina. Este interés en una materia tan específica surge en el archivo que inician los gemelos Miguel y Juan a mediados de los años veinte, y algo más tarde Santiago, hasta los años ochenta del pasado siglo. Por otro lado estudiamos la práctica médica que realizó Miguel junto con su hermano Juan. Para ello contamos con un cuaderno de notas fechado en 1938, en el que plasma de forma pormenorizada a los enfermos, sus tratamiento y seguimiento.

Este trabajo comienza con una Semblanza Biográfica de los Hermanos Súarez Robaina. Estudio los rasgos biográficos esenciales de sus vidas, así como los comienzos en el arte fotográfico y posterior desarrollo profesional. Para ello fue de gran importancia la información recabada por Miguel Ángel Suárez Brito junto a sus primos Bartolomé Suárez Rodríguez y Santiago Suárez Socorro. En amenas y familiares tertulias recogidas en varias cintas magnetofónicas durante algunos años aportaron datos indispensables para comprender y exponer los hechos más relevantes de las biografías de los tres hermanos. Prosigue con la fotografía, de la afición a la profesión. Abordamos los inicios y el desarrollo del interés por el mundo de la fotografía. Continúa con un análisis de la temática fotográfica abordada así como del estudio de la calle Ruiz número 11, en el barrio de Los Llanos. Luego el apartado la práctica médica, Miguel Suárez Robaina. Finalmente las conclusiones y la bibliografía consultada para la realización del presente trabajo.
Los comienzos en el arte de la fotografía se le debe a los gemelos Miguel (1908-1983) y Juan (1908-1985). Posteriormente compartiría esta actividad Santiago (1902-1971). Hijos de Bartolomé Suárez Herrera y de Ricarda Robaina Suárez, todos ellos nacieron en la vivienda número 89 del Valle de los Nueve en Telde.
La peculiaridad de Miguel y Juan el primero es mayor por una hora de diferencia debido al gran parecido físico, llamativo pelo rubio y ojos azules, implicaba que se les confundieran constantemente. A pesar de que Juan había perdido accidentalmente el ojo derecho, mientras jugaba con otros niños en los años de colegial, muchos paisanos jamás llegaron a diferenciar el uno de otro.
Ambos hermanos estudiaron en el Colegio Unitario del Valle de los Nueve cuyo maestro era don Marcelino Estupiñán. En esos años ya destacaban en aplicación, estudio y enormes ganas por aprender. Esto último será una constante en sus vidas. Mientras ello sucedía Santiago decidió partir rumbo a Cuba en 1919. Allí desempeñó diversos trabajos, recordando en estos momentos el de empleado en un taxi. Estuvo en la isla caribeña hasta 1931.
Tras la finalización de estas primeras enseñanzas, los dos compartieron el deseo de continuar una formación académica superior. Concretamente Miguel y Juan querían cursar estudios de Medicina. Pero no fue posible debido al gran esfuerzo económico que ello le supondría a la familia. Entonces decidieron realizar Contabilidad por Partida Doble en la Escuela por Correspondencia de Cálculos Mercantiles de Don Francisco Gómez Guerra en Cádiz. Los dos hermanos concluyeron con éxito esta carrera en 1930, expidiéndoseles el correspondiente certificado de estudios y diploma como Tenedor de Libros. Al mismo tiempo iban impartiendo esos conocimientos a los alumnos del colegio del Valle y personas cercanas. El espíritu participativo fue siempre una característica en ellos hasta el final de sus vidas.
También adquirieron conocimientos en mecanografía con una máquina modelo Remington propiedad de don Juan Ascanio. Practicaron con ella algunas veces, pero aprendieron copiando y memorizando la colocación de las letras y los números. Más tarde comprarían una máquina semejante. Actualmente sus herederos la conservan en perfecto estado.
Tan pronto adquirieron la titulación fueron empleados como contables en un almacén de empaquetados cerca de Lomo Magullo propiedad de don Matías Álamo. Dos años después este almacén cerró por quiebra económica. Seguidamente partieron al Barranco de Balos, en Sardina del Sur, zona de gran producción y actividad tomatera. Miguel había logrado ciertas amistades con algunos de aquellos productores del sur grancanario. Concretamente con don Rafael Martel empresario dedicado al cultivo y exportación del tomate quién se percató de su seriedad profesional. Pero él no partiría sin su hermano. Ante esta situación don Rafael contrató a Juan, nombrándole encargado del almacén general, y Miguel llevaría la contabilidad, pero como socio administrador de la compañía exportadora.
Desde el 4 de septiembre de 1933 hasta 1936 trabajaron en esta empresa, estableciéndose ambos en una casa de alquiler localizada frente a una peletería propiedad de don Pancho Alonso. También estuvieron residiendo en las Rosas y el Carrizal de Ingenio donde ya por esos años lo haría asimismo Santiago , aunque siempre regresaban a Telde los fines de semana.
Durante ese tiempo Miguel y Juan desarrollaron una gran afición e interés por la fotografía, materia de la que tenían algunas nociones aún antes de trasladarse a Sardina del Sur, debido a don Francisco Izquierdo Pozuelo. Los gemelos fueron adquiriendo suficientes conocimientos y seguridad en esa materia, convirtiéndose en fotógrafos itinerantes mientras practicaban con una cámara 6 x 6.
Esta actividad era una labor secundaria en esos años. Simultaneaban esta vocación con el trabajo en la compañía tomatera. Por tanto le concedieron una importancia y dedicación relativa, aunque ya habían consolidado su pequeño negocio y buena reputación entre sus conciudadanos del Carrizal y Telde. Llegaron incluso a inscribirse como corresponsales de los periódicos El Tribuno y La Provincia.
Pero es a partir del año 1936 cuando se plantearon desarrollar esta afición como profesión y actividad económica. Miguel y Juan, junto a Santiago, trabajaban tanto en el Carrizal en una casa ubicada frente a la iglesia, donde improvisaron un estudio y el laboratorio , como en la calle Ruiz del barrio de Los Llanos en Telde.
La fotografía. De la afición a la profesión
El periodo que va desde 1920 hasta comienzo de la guerra civil supuso para la fotografía canaria un momento de esplendor. No tanto por la considerable cantidad de fotógrafos que iniciaron su andadura profesional, sino por la calidad de su trabajo. Muchos de estos estudios prolongarían su actividad hasta la actualidad como es el caso que nos ocupa. En la vida de Miguel y Juan se va a producir un hecho significativo que implicaría el comienzo en el fascinante mundo de la fotografía. Fue a finales de los años veinte del pasado siglo cuando se produce el encuentro con Francisco Izquierdo Pozuelo. Este industrial había instalado en la comarca la primera imprenta-librería, así como el único estudio fotográfico de Telde. Posiblemente Francisco Izquierdo observó en los gemelos Suárez Robaina la necesaria curiosidad y la capacidad e inquietud por aprender. Este novedoso arte despertó inmediatamente el interés y la admiración de los gemelos. Se puede comprender la emocionante sensación que les embargó. A la curiosidad de lo nuevo se le unía la maravillosa capacidad de este medio, que permitía dar forma objetiva a la realidad y las gentes. Bastante poco sabemos de su aprendizaje y perfeccionamiento en las labores fotográficas con Izquierdo Pozuelo. Pero tras algunos días con aquél, Miguel y Juan tomaron la decisión de adquirir papel para fotografías. Inician así su andadura en este arte. En esos momentos ya contaban con una pequeña cámara de 6 X 6. La habían conseguido en una ruleta de juegos y regalos durante la celebración de las fiestas en el barrio de San Roque. Con esta máquina practicaron bastante tiempo, realizando fotografías en los alrededores del Valle de los Nueve, de sus vecinos y familiares. Al mismo tiempo improvisaron un laboratorio en el cuarto-dormitorio de la casa, intentando aprender el revelado. Esta cámara les acompañó a Balos, las Rosas y el Carrizal, espacios que fueron captados mientras iban adquiriendo dominio y seguridad. Al mismo tiempo crearon un laboratorio, que inicialmente instalaron en una vieja caseta de madera con techumbre de metal. Esta caseta la adquirieron como forma de pago por los servicios contables prestados tras la quiebra económica de Matías Álamo. Más tarde, el laboratorio lo ubicaron en las diversas viviendas donde estaban residiendo. Hacia 19351936 ya dominaban la técnica fotográfica y el revelado. Incluso compraron una ampliadora así como una máquina de fotografía 6 x 9 AGFA que les costó 500 pesetas. Su hermano Santiago le facilitó dicha cantidad y, de esta manera, se unió al negocio familiar. Aunque en esos momentos los tres hermanos se planteaban esta labor como una profesión aún les embargaba ciertas dudas. No obstante, los acontecimientos le ayudaron a tomar esa decisión. El 18 de julio de 1936 comenzó la guerra civil. Este conflicto precipitó la demanda de fotografías, especialmente por parte de los allegados a los combatientes enviados al frente (los familiares, las novias, los amigos, etc.). El excesivo trabajo, y el escaso rendimiento de su máquina, les llevó a solicitarle a su tío Diego Martel una cámara 6 X 9 que aquél poseía. Don Diego la había obtenido coleccionando un número determinado de cupones de cigarrillos La Favorita. Así y todo seguían teniendo muchos encargos, y más aún a partir de 1937 con la creación y obligatoriedad de una cédula de identificación personal. Este hecho superó con creces el trabajo porque su realización implicaba el retrato fotográfico de la persona. Indudablemente esta circunstancia supuso la oportunidad definitiva para crear un estudio fotográfico en condiciones. Ante esta situación, en 1938 decidieron la compra de una cámara y ampliadora LEICA con un coste de 10.000 pesetas. El resultado de estos aparatos fue tan positivo, que a principios de los cincuenta decidieron adquirir otra nueva ampliadora de la misma empresa. Invirtieron 90.000 pesetas en su compra y transporte, ya que la traían directamente de Alemania. Así, en 1939 la fotografía se convirtió en una actividad empresarial propiamente dicha, como así consta en el documento de cotización sindical de Santiago Suárez.
Hasta 1941 Miguel y Juan trabajaban tanto en el Carrizal en la casa donde vivían y ubicada frente a la iglesia como en la calle Ruiz del barrio de Los Llanos en Telde. La gran actividad comercial desarrollada en torno a la fotografía, hizo que en julio de 1941 crearan la casa de comercio y fotos Suárez Robaina, con establecimientos en las citadas localidades. En octubre de 1946 Miguel y Juan se instalaron de forma definitiva en Los Llanos. Mientras, Santiago se encargaría del estudio del Carrizal, aunque la adquisición del material fotográfico y el revelado del mismo lo haría siempre en Telde. Por otro lado, la buena reputación de Santiago le permitió desarrollar otras labores, destacando la de Gestor Municipal del Ayuntamiento de Ingenio, nombrado para tal función por el Gobernador Civil el 7 de abril de 1942. También fue corresponsal de letras y efectos del Banco Bilbao a partir de 1955.
La profesionalidad de los tres hermanos Suárez Robaina les permitió hacerse con la mayoría de la clientela de ambos zonas. Respecto al estudio fotográfico de los hermanos Suárez Robaina en Telde, hay que señalar que siguió la estructura clásica de aquellos primeros instalados en la isla durante el último cuarto del siglo XIX. Estaba ubicado en el piso superior o azotea de la casa, con el objeto de aprovechar al máximo la luz solar. Y para hacerlo más luminoso, acristalaron una de las paredes y el techo. La generalización de la energía eléctrica durante los años treinta, permitió su instalación en el piso bajo de la vivienda, facilitando asimismo la atención a clientes tales como ancianos o discapacitados. Esta arquitectura de cristal, diáfana y transparente contribuía a acortar los tiempos de exposición, y, a la vez, ampliar la franja horaria de trabajo. Por otra parte, un sistema interior de cortinillas permitía modular la cantidad de luz que penetraba en el estudio.
Hoy día aún permanece este primitivo modelo de estudio, aunque algo desmantelado por diversas modificaciones para cumplir otros cometidos. Todavía se conserva la estructura descrita, y sus dependencias anexas como el laboratorio, la zona de espera o la sala de exposición de trabajo. E incluso la decoración de la pared en donde posaban los clientes. Esto era una solución para pasar de una dimensión, propia de la imagen, a la búsqueda tridimensional. Ello se resolvía jugando con tres factores elementales: fondo, suelo y lado. Probablemente contaron también con algún que otro telón de paisajes lejanos o recargados interiores palaciegos, muy propio de la época. Todo ello en su conjunto conforma una preciosa pieza del patrimonio inmueble relacionado con la fotografía. La sensibilidad de Miguel Ángel Suárez, heredero del estudio y también fotógrafo, hizo que tanto el archivo gráfico como los demás materiales que formaban parte del taller (las cámaras, la ampliadora Leica, las tinas de cerámica, los libros de registro y de contabilidad, etc.) hayan sido conservados casi en su integridad. Por tanto, contamos como un ejemplo para estudiar y analizar lo que pudo ser la vida cotidiana en los estudios fotográficos de aquella época. Aún hoy día, en medio de esas habitaciones vacías de la calle Ruiz, no es difícil percibir a aquellos que, una vez, posaron ante la cámara.
La temática fotográfica Los Hermanos Súarez Robaina aplicaron a su labor un lógico sentido de cercanía al lugar de trabajo y vida. Hay asimismo un cierto registro panorámico de la localidad y las zonas colindantes, las gentes y las costumbres. Inicialmente abordaron como género el reportaje y el retrato. Es decir, la pretensión de dar constancia de la realidad del momento y la confirmación individual de las personas que participaban en ella. Entre los reportajes destaca las fotografías de actos públicos, ya fueran religiosos como las bodas, los bautizos, las primeras comuniones, los entierros o las alfombras del Corpus; políticos o militares. Esta amplia gama de géneros y temas abordados, hacen de los hermanos Suárez Robaina unos auténticos cronistas gráficos de los acontecimientos locales de relieve. Ello viene a demostrar, por otro lado, la estrecha relación que existía entre su trabajo como fotógrafos y su vida social. Respecto al retrato, ya individuales o en grupo, respondían al más puro estilo planteado por los profesionales del medio. Los Suárez Robaina participan de las maneras ya estipulados y estandarizadas. No pretenden buscar la observación psicológica o una profundización del retratado. Ante ellos y sus cámaras posan y pasan una multitud de personajes: ciudadanos anónimos o de cierto renombre, con actitudes graves, alegres, rígidas o solemnes.
Aunque su obra es, en gran parte, fotografía de estudio, mención especial merece la temática paisajística, tanto de la naturaleza como la urbana. El tratamiento en la visualización de ambos es idéntico. Parten de la lejanía, para percibir el conjunto y detenerse luego en los detalles y la descripción minuciosa de todos los elementos. Algunos espacios concretos denotan un especial interés, siendo reiterativos en su plasmación a lo largo del tiempo como la zona del barranco Real de Telde. De esta manera van captando también los cambios producidos en ellos y sus alrededores. Probablemente la afición por la caza de Miguel y Juan influyera en esta concepción y fórmula de trabajar la imagen fotográfica. Se puede afirmar que los hermanos Suárez Robaina iniciaron un gran proyecto general de indagación en las localidades de Telde y el Carrizal de Ingenio, así como de sus alrededores. Miguel, Juan y Santiago descubren las más hermosas vistas y bellos rincones de esos lugares para sus propios habitantes y ciudadanos. Sus fotografías son algo más que depósitos del pasado. Sugieren un alfabeto visual que llena el espacio de la memoria histórica de los últimos cincuenta años. Hay residuos de miradas, formas de ver que corresponden a tiempos diferentes al nuestro. Se plasman en ellas otras sensibilidades, voluntades y orientaciones. Los hermanos Suárez Robaina dejaron un testimonio gráfico que encierra un gran valor documental, que con el transcurso del tiempo ha aportado infinidad de datos históricos, artísticos, etnográficos, paisajísticos, urbanísticos y de la vida cotidiana. El archivo que pacientemente fueron creando con su quehacer diario, es la historia retratada de Telde durante casi cincuenta años del siglo pasado. El carácter autodidacta de su formación y trabajo implicaba un estudio constante en materia fotográfica. Concretamente Miguel y Juan se informaban leyendo con avidez todo tipo de publicaciones relacionada con su profesión, destacando especialmente la revista Estampa.
Por otro lado, participaron en publicaciones como la revista Isla, Costa Canaria y Semana. También en los periódicos Falange, La Provincia, Diario de Las Palmas y el semanario Hoja del Lunes, que se convirtieron en plataformas perfectas para la divulgación de su trabajo. De esta manera mostraban el rostro de las noticias y la crónica cotidiana de la vida de la ciudad. Asimismo los gemelos colaboraron estrechamente con el Ayuntamiento de Telde y personalidades tales como el artista José Arencibia Gil, el cronista de Telde y sacerdote Pedro Hernández Benítez o Sebastián Jiménez Sánchez en sus estudios históricos y arqueológicos. A través de sus aproximadamente 24.000 rollos de películas de 35 mm. de 36 fotografías, registradas de forma cronológica y enumeradas de forma perfecta, se puede indagar en el archivo de los Suárez Robaina. Es un auténtico viaje de descubrimiento gráfico de una época pasada de la historia insular y sus gentes.
La práctica médica. Miguel Suárez Robaina Por otro lado hay que señalar, a modo de anécdota si se quiere, que en ambos estudios o gabinetes fotográficos, los gemelos Suárez Robaina desarrollaron también labores propias de una botica o farmacia. Si bien es verdad que ellos no pudieron estudiar Medicina la vida parece que les compensó, en cierta medida, con aquel incumplido deseo. Todo comenzaría en el año 1929 cuando Miguel es reclutado para el servicio militar, que realizó en el Grupo de Sanidad Militar de Canarias. Los conocimientos adquiridos en ese tiempo los ampliaría cuando fue movilizado en 1937 con motivo de la guerra civil (1936-1939). Aunque inicialmente estuvo en el Cuerpo Infantería, siendo incluso enviado a la Península, pudo regresar al poco tiempo gracias a sus relaciones y amistades. Tan pronto estuvo en Gran Canaria es destinado a la Segunda Compañía Militar de Canarias, haciendo prácticas de Farmacia, tal como consta en el siguiente documento:
DON ANTONIO SÁNCHEZ CAPUCHINO Y ALDERETE. FARMACEÚTICO 1º DEL EJÉRCITO Y JEFE DE FARMACIA DEL HOSPITAL MILITAR DE LAS PALMAS. CERTIFICO: que el soldado de la 2ª Compañía de Sanidad Militar de Canarias, MIGUEL SUÁREZ ROBAINA ha hecho prácticas de Farmacia en la de mi cargo durante CATORCE MESES aproximadamente; es decir desde el día 27 de Diciembre de 1937 hasta el día de la fecha, observando siempre buena conducta y mucha aplicación así como aprovechamiento. Para que conste y a petición del interesado expido el presente en Las Palmas a 12 de FEBRERO de mil novecientos treinta y nueve. TERCER AÑO TRIUNFAL. [Firma: Antonio Capuchino y Alderete]
Este certificado le autorizaba a realizar ciertas prácticas que iban desde el simple pinchazo a combinaciones para aliviar molestias, dolores y/o enfermedades propias de aquellos años, siguiendo siempre la prescripción de los médicos titulados. Juan aprendió de Miguel esos conocimientos y habilidades con gran entusiasmo e interés. Ejemplos de esos trabajos se pueden hoy observar en un pequeño cuaderno de visitas fechado en 1938. Anotaron con minuciosidad y detalle los pacientes sus males, así como el pertinente el tratamiento. A través de sus amarillentas páginas manuscritas, se observa las enfermedades más comunes entre los hombres, ya que no consta ninguna mujer, que fuese tratada. Indicaba su nombre, la procedencia del mismo, la enfermedad, el tratamiento y su evolución. Destaca entre ellos los soldados, que son más abundantes que los civiles. También es destacable el número de miembros de la tropa regular mora. Desde las enfermedades de la piel a las infecciones, así como los medicamentos y las pomadas realizadas en la botica; todo era anotado con riguroso detalle. Por otro lado confeccionó un diccionario de términos farmacológicos indicando sus diversos componentes, dosificación para su utilidad médica y forma de aplicación. Toda esta labor de carácter social les granjeó el cariño y el afecto de sus conciudadanos. Si bien es verdad que Miguel no vio cumplido su deseo por estudiar medicina estas prácticas satisficieron esa vocación. Pero lo fue más aun cuando su sobrino Santiago Suárez Socorro inició y terminó la Carrera de Medicina, convirtiéndose en el primer médico de familia de la ciudad de Telde. La camaradería que se profesaban ambos hermanos siempre se puso de manifiesto a lo largo de sus vidas y labor en común. Solo la muerte pudo romper ese vínculo.
La labor profesional desarrollada por los hermanos Suárez Robaina ha sido extraordinaria. Abordaron en su quehacer diario multitud de imágenes de nuestras gentes, sus labores así como de paisajes que pueden ser la memoria gráfica del sureste de Gran Canaria. Se puede afirmar sin error alguno que han conformado uno de los mejores archivos fotográficos de España. Sus negativos encierran un gran valor documental, que con el transcurrir del tiempo ha aportado poco a poco infinidad de datos históricos, artísticos, etnográficos, paisajísticos, urbanísticas y de la vida cotidiana. La sensibilidad de Miguel Suárez Brito ha hecho que el archivo fotográfico, la documentación relativa al mismo así como del resto del material, haya sido conservado hasta la actualidad. Indagar en este fondo documental es viajar en la historia cercana a Telde y de Gran Canaria. Muy poco municipios en España pueden y tienen la posibilidad de aumentar y enriquecer su acervo patrimonial. La faceta médica es asimismo destacable y admirable por lo que se refiere a la capacidad de aprender esta vocación social. El tiempo transcurrido desde la muerte de los tres hermanos Suárez Robaina, permite hacer una seria reflexión sobre su trabajo y repercusión en la historia local. Se hecha de menos a estas alturas por parte de la primera institución pública de Telde un más que merecido reconocimiento público a Miguel, Juan y Santiago en la ciudad que les vio nacer.
Texto: Germán Jiménez Martel